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Reportaje de Placebo en El pais.com

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Reportaje de Placebo en El pais.com

Mensaje  Lexy el Mar Jul 21, 2009 2:10 pm

Pues no lo se, esta nota me deja una extraña sensación de medio enfado, medio alegre, medio triste, medio sarcasmo, en fin, un cúmulo de medios sentimientos pero nada en concreto y no solo con la reportera heeee. Tal vez es que soy rara jajaja. Pero bueno igual se las dejo para que la lean. Salu2

REPORTAJE: MÚSICA

Placebo contra la vejez

INÉS MUÑOZ MARTÍNEZ-MORA 17/07/2009

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La banda Placebo quiere madurar digna-mente y en armonía. Por ello han echado a su conflictivo batería y lo han sustituido por un fotogénico veinteañero. ¿Será suficiente?
Cuando un hombre sufre la crisis de la mediana edad, el tópico le exige que se compre un deportivo y siente a una chavala cachonda en el asiento del copiloto. El grupo Placebo ha protagonizado su particular huida hacia delante subiendo a bordo a un nuevo batería de 22 años con el torso cubierto de tatuajes y lanzando un sexto álbum con el elocuente título de Battle for the sun (Lucha por el sol) que pretende ser el negativo luminoso del previo Meds (Medicamentos). Porque Brian Molko (36 años) y Stefan Olsdal (35) no se sienten viejos, pero a finales de 2007, Placebo sí lo sentía. Tanto, que Meds casi se convierte en su mortaja profesional.
“Teníamos problemas de incomunicación. Le dije por ‘e-mail’ al ex batería que no queríamos que siguiera. No he vuelto a saber de él” (B. Molko, vocalista)
Molko echa mano de El gatopardo para explicar que “había que cambiarlo todo para que todo siguiera igual”. Arrellanado en una butaca, entre frágil e insolente, el cantante y guitarrista de Placebo enciende un camel light con la colilla del anterior. Se los fuma hasta el filtro. Él, Olsdal y el recién incorporado Steve Forrest llevan toda la mañana contándole a la prensa cómo empieza este nuevo capítulo de su historia: Placebo, segunda parte, o cómo demostrar que el rock and roll sigue corriendo por sus venas. “Tras grabar Meds, nuestra relación con Steve [Hewitt, su anterior batería] era una pesadilla. Salimos del estudio desunidos y hechos polvo, pero había que irse de gira. De modo que partimos hacia el frente. Cuando acabó, lo único que Placebo tenía de grupo era el nombre. Las heridas no habían cicatrizado. Fue como echarles sal”, continúa Olsdal, el bajista. Dos metros de estatura, orejas de soplillo y flequillo decolorado sobre la frente. Su intervención evidencia la dinámica de este trío. Aquí, Molko habla, Olsdal corrobora y Forrest asiente.
“Teníamos problemas de incomunicación, como la mayoría de los matrimonios que conozco. Y decidimos divorciarnos. Porque cuando estás de gira, sentado en el autobús, en silencio y evitando el contacto visual con el resto, llega un momento en el que dices: ‘Vale, esto ya no tiene gracia’. Pero yo no había sacrificado todo lo que he sacrificado durante estos años para ver Placebo quemarse a fuego lento, así que le dije por e-mail a Hewitt que ya no queríamos que formara parte de Placebo. Luego, nuestra manager se lo anunció formalmente. No hemos vuelto a saber nada de él”, concluye Molko.
—¿De dónde habéis sacado a Forrest?
—Mmm… Del set de Mi Idaho privado, de Gus van Sant… No, espera, ¡de Huckleberry Finn, de Mark Twain!
El aludido se ríe. Como si tuviera otra opción… Aún es el nuevo y se nota. La verdad, algo sí palidece en comparación a esos orígenes míticos que le atribuye Molko: Steve Forrest tocaba en Evaline, un grupo que teloneó a Placebo en Arizona en 2006. “Parecían recién salidos del colegio. Eran tan jóvenes, que casi no les dejan entrar en el edificio porque se iba a servir alcohol en él. Forrest nos impresionó mucho. Nunca habíamos visto a un puto niño hacerlo tan bien. Y flipamos cuando se quitó la camiseta. Un año después buscábamos batería. Él se enteró y se puso en contacto con nosotros. No quisimos asumir riesgos, así que le volamos hasta Londres para pasar un par de semanas con él y ver qué tipo de persona era. Nos gustó y aquí estamos. Ahora somos una banda sana cuyos miembros soportan estar en la misma habitación”.
Placebo le debe su existencia a un encuentro entre Olsdal y Molko que tuvo lugar hace 15 años en el metro de Londres. Llevaban toda la vida moviéndose en círculos concéntricos sin llegar a conocerse. Ambos se habían mudado de Luxemburgo a Inglaterra para lanzar flechas contra el tiempo perdido. “Crecimos en el rincón más aburrido de Europa”, cuentan. Ciudad pequeña, infierno grande. Allí, los dos asistieron al Colegio Internacional Americano, pero jamás cruzaron una palabra. A Molko le iba el teatro, y a Olsdal, el deporte. Completamente diferentes, pero con una cosa en común: eran dos niños bien (hijos de banqueros) que prefirieron ser mal. Pasaron la adolescencia encerrados en su habitación escuchando a Sonic Youth, mirándose al espejo y pensando que ése era un marco muy pequeño para sus ambiciones. Molko empezó a maquillarse a escondidas y Olsdal se echaba novias cortina de humo para ocultar su homosexualidad. Llegaron a Londres para convertirse en apologistas del descarrío.
Un año después, Olsdal y Molko conocían a Hewitt y lanzaban un primer disco (Placebo) de canciones emocionales en las que el hedonismo se presentaba como la libertad ganada. Sus letras turbadoras tenían la pérdida de la inocencia como lugar común. Drogas, resacas, sexo con desconocidos, pena posadolescente. Era 1996 y al indie ya no le quedaba mucho que decir cuando aparecieron ellos apadrinados por David Bowie (el ídolo les invitó a tocar en su fiesta de 50º cumpleaños). Un trío enervado con un líder que se ofrecía a sí mismo como espectáculo. ¿Es una chica o un chico? Ésa fue la primera duda que suscitó un Molko que cantaba con voz meliflua, se subía al escenario profusamente maquillado y jugaba al despiste no sin ganas de provocar. En las entrevistas contestaba con circunloquios sobre hacia dónde se dirigían sus afectos, a sabiendas de que en el rock no puede haber nada más decepcionante que una respuesta directa. Luego se declaró abiertamente bisexual.
Ninguno de los tres era especialmente guapo, pero el escenario puede con todo. Llegaron los y las fans. “Una vez una madre y una hija me propusieron un trío”, recuerda Molko. Llegados a este punto, esta periodista le confiesa: “Yo era muy, muy fan tuya. En un concierto cogí al vuelo una colilla que lanzaste desde el escenario”. Él contesta: “Oye, pues si quieres, te puedes llevar este cenicero, que mira lo lleno que está de colillas. Te lo puedes meter en el bolso”. A fecha de hoy, Molko lleva ocho años de relación con la fotógrafa Helena Berg y ya no se muestra tan dispuesto a hacer declaraciones sobre su sexualidad. A la pregunta de si sigue viviéndola de manera fluida, se limita a contestar, tras un largo silencio: “Supongo que algunos disfraces se han quedado en el armario”. Molko y Berg tienen un hijo de tres años, Cody. “Es fantástico querer a alguien más que a ti mismo”, confiesa. “Aunque mi vida se haya reducido a ir a cumpleaños infantiles”.
En Placebo siempre ha sobresalido la ambición. Desde el primer disco, su música ha apuntado voluntad de conquista. Sin embargo, muchos siempre los considerarán un grupo de chichinabo con un cantante que se parece a Doña Croqueta, el entrañable personaje del Un, dos, tres… “Para la prensa musical inglesa hemos sido un faisán al que dar caza. Nos han maltratado mucho”.
Quizá el mayor mérito de esta historia es que los Placebo han sobrevivido a Placebo.
Battle for the sun está editado en Pias.
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Re: Reportaje de Placebo en El pais.com

Mensaje  Laubionic_2000 el Mar Jul 21, 2009 10:44 pm

yo creo que es la reportera , placebo encontro la fuente de la eterna juventud en el rock and roll, pero no se sienten viejos como por ejemplo U2 ya estan rodadndo los 50 años y la musica que hacen y ia trayectoria que tienen yo veo que no se sienten viejos y para el rock and roll no hay edad.
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